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La intensión de este trabajo es observar y comparar a la Guadalajara de "Ayer y Hoy" y mostrar como la ciudad se ha transformado. Cómo de ser una ciudad provinciana se ha convertido en una urbe en el que desaparecieron barrios y edificios de gran belleza. Es únicamente una muestra de lo que no nos tocó vivir, y para que los jóvenes de hoy conozcan, cuando menos en fotografía, algunas escenas de lo que nostalgicamente algunos recordamos de la tranquilidad de sus barrios de mediados del siglo XX.

jueves, 24 de noviembre de 2011

COLEGIO DEL ESPIRITU SANTO




En los últimos años de la década de los veinte y los primeros de los treinta, el crecimiento de la ciudad de Guadalajara por el poniente se interrumpió abruptamente, en la Avenida Juárez en la Penitenciaría de la ciudad, la Prisión de Escobedo, ubicada a la altura en que (en el Sector Juárez, terminando en su viento Norte) se conservó con su nombre original, la calle Penitenciaría, en memoria de la cárcel de Escobedo.

Debido a dicho impedimento físico (la penitenciaría de Escobedo abarcaba varias manzanas) la ciudad siguió su camino hacia el mismo viento, por la avenida Hidalgo que cerraba (terminando su ruta de casas elegantes) en el "Colegio del "Espíritu Santo", ubicado en la que más tarde fué la Avenida Lafayette, y a la que, ya en los 60, se le cambió el nombre por "Avenida Chapultepec".

En el gran edificio del Colegio o Escuela del Espíritu Santo (originalmente propiedad del clero) se instaló años después la escuela "Hijos del Ejército" y más tarde pasó a ser la Escuela Militar de Aviación (esto ya en los cuarenta).

A fines del siglo XIX, el sentir de gobernantes y gobernados era que en algún punto intermedio entre el templo de San Miguel, y la gran edificación del antes mencionado colegio (asentado en pleno llano) se podía pensar que se ubicaba el punto de entrada y salida de la ciudad. Por tal motivo se mandó hacer un muy elaborado arco de hierro fundido que testimoniara ese hecho.

El arco famoso, que fué conocido como "El Arco de Porfirio Díaz" (ya que se estrenó en el año de 1888 con motivo de la llegada del ferrocarril a Guadalajara, en donde venía Don Porfirio acompañado de una muy distinguida y numerosa comitiva) fincó sus bases en las esquinas sur poniente y nor poniente de la calle que aún conserva su antiguo nombre de "General Coronado".

Derruidos los dos grandes edificios que eran la Penitenciaría de Escobedo y el Colegio del Espíritu Santo, libre de "taponamientos", nuestra ciudad, al construirse la preciosa "Universidad de Guadalajara" y la dignísima y malograda (destrucción "lograda a la mala") Escuela de Música, la zona distinguida de deslizó alegre y bellamente por la Avenida Vallarta por donde, salvo algunas excepciones, se encontraban las mansiones (afrancesadas en su mayoría) más distinguidas y elegantes de la ciudad.

Texto de: Jorge Verea Palomar "De Tiempos y Vientos" El Informador

JARDIN DEL SANTUARIO EN 1950

ESTACION DEL FERROCARRIL CENTRAL

PALACIO DE GOBIERNO ESQUINA MORELOS Y CORONA

jueves, 17 de noviembre de 2011

AVENIDA 16 DE SEPTIEMBRE

ESCUELA LAZARO CARDENAS

AVENIDA HIDALGO Y AL FONDO EL COLEGIO DEL ESPIRITU SANTO


El arco de "Porfirio Díaz" se estrenó en 1888 con la llegada del ferrocarril a Guadalajara. Se localizaba en el cruce de la Avenida Hidalgo y la calle General Coronado, marcando a fines del siglo XIX el punto de entrada y salida de la ciudad de Guadalajara.

En el inicio de la década de los años cuarenta y a propuesta del Sr. Juan Collignon y con apoyo del Club Rotario, el arco fué remozado y trasladado al lugar que hoy ocupan los actuales "Arcos de Guadalajara" en el que se estimaba que terminaba la ciudad, por supuesto ya no se llamó "Arco de la Revolución o de Porfirio Díaz". Pero tan pronto fué instalado, se advirtió la poca representatividad del mismo como puerta de entrada a la segunda más grande ciudad de la república mexicana. Era demasiado pequeño y muy "endeble" menciona  el historiador tapatío Ramiro Villaseñor Villaseñor. El famoso arco estuvo relativamente poco tiempo antes de ser removido, instalándose en el poblado de Palo Alto, sobre la rivera sur del lago de Chapala, lugar que -transitando la carretera Guadalajara-Morelia- señala los límites de Jalisco y Michoacán.

Texto de: Jorge Verea Palomar "De Tiempos y Vientos"  "El Informador"